Fue ayer cuando me levanté en otro país. Allí todo era mejor, un nuevo sol brillaba o si ya no nuevo, radiante a más no poder. Ese país que cada vez siento más cercano.
Me desperté entre esas cuatros paredes teñidas de rojo. Un rojo aún difícil de ver pero que con tiempo en blanco se volvería. El día transcurría sin ninguna novedad bajo ese cielo Genevois. Alguna que otra nube lo cubría pero era eso lo que lo hacía especial. Nada como estar allí.
Poco a poco el día iba pasando cuando una llamada me sacó de ese mundo de ensoñación. Era la tía que estaba en España de vacaciones para decirme que hoy mismo llegaba a esa habitación roja un joven estudiante. La ocuparía y la haría suya, algo que yo nunca habría podido conseguir, y por tan sólo unos simples francos.
El resto del día lo pasé limpiando y adecentando el apartamento para que se lo encontrara en las mejores condiciones. Así fue.
Llegó y tras él, su madre, alguien a quien ya conocía. Venían de Madrid y se encontraban algo perdidos. Les ayudé, muy a mi pesar pero otra cosa no podía hacer ,dar de beber al que tiene sed y de comer al hambriento.
Tuve que hacer de tripas corazón y continuar con sonrisas que no me pertenecían, aún así, seguí con la farsa como si entre aquella señora y yo nada hubiera pasado. Entró en mi vida y salió como lo hacen tantas personas con esa impersonalidad típica de gente desarrollada.
Nada ocurrió con ella, hicimos como si no nos conociéramos y así finalizó el día, de la manera más sencilla.
La ira a estas alturas era tal que podía conmigo así que respiré y me dije: ´´no hay por qué, empecemos de cero``
La llamada de mi tía diciéndome que tan solo se quedaría quince días me alivió. Todo volvió a la normalidad.
jueves, 16 de septiembre de 2010
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
