miércoles, 24 de junio de 2009

Doce horas de trabajo casi ininterrumpido llevando y trayendo pasajeros que acuden a Al Fasher (capital de Darfur) con un único objetivo, ayudar ayudar y AYUDAR. Intentar hacer que dentro de la crudeza que envuelve a este país y dónde no hay más que hipocresía, aparezca un haz de luz para dar aliento a esos millones de personas que viven allí y que sufren sus consecuencias, las consecuencias de una guerra de más de treinta años. Supongo que para esa gente será como su día a día oir bombas y posiblemente mucho más cerca de como las oía yo esta misma mañana desde el aeropuerto.
Es realmente increible ver como a menos de doscientos metros se están cargando en varios helicopteros misiles, bombas y demás artillería


Ver esos cazas despegar a la velocidad de la luz y pensar que en ese momento no están saliendo con el fin de teñir el cielo de rojo y amarillo con motivo del día de las fuerzas armadas, no, van a cargarse gente, a destrozar familias que nada tienen que ver con los cuatro hijos de puta que dirigen esta mierda de país. Hoy que ha sido mi seguno día volando a Al-Fasher no he podido evitar ponerseme los pelos de punta al oir ese infernal ruido de un caza y más aún sabiendo hacia donde se dirigen.


Mañana no trabajo, pero el simple hecho de poner un pie fuera de casa me recuerda a cada instante que por mucho que aquí se pase mal, aún sigue habiendo un rayo de ilusión y ganas por vivir.

Ayer los vecinos estaban cenando la comida que les dimos y fue super emotivo ver como esos niños que corren descalzos no pierden la sonrisa, BENDITA INFANCIA!

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