Allí se encontraba él, de pie, en un rincón de aquel dormitorio malamente iluminado por un foco fluorescente de luz fría. Era un joven de unos veintiséis años, media melena color cobrizo, y un simple boxer blanco era su único escudo ante el mundo.
No mediamos palabra, pero su mirada profunda y pura me decía más de lo que mucha gente me ha podido decir a lo largo de estos veintiun años. Una mirada que iba acompañada de una leve sonrisa, picarona podría decir.
No sé qué me querría decir pero por algún motivo tendría que estar allí, ¿una deuda del pasado? ¿un regalo para el futuro?
Espero volver a verte.
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Que entrada mas cinematográfica! Me he imaginado perfectamente la situación, viajando por ese espacio tan lúgubre, con estos dos personajes que están a la deriva de lo que sienten...
ResponderEliminarSi si si, así, Si!